Por Isabel Fernández

Aunque tradicionalmente se ha asociado al control de la climatización, la iluminación o los accesos, su alcance actual es mucho más amplio. La inmótica permite conectar instalaciones, centralizar información, automatizar procesos y adaptar el funcionamiento del edificio a las necesidades reales de cada momento. Su valor, por tanto, no reside únicamente en incorporar tecnología, sino en utilizarla para gestionar mejor el hotel, reducir ineficiencias y facilitar el trabajo de los equipos.
La cuestión ya no es solo qué sistemas pueden instalarse, sino cómo integrarlos en una estrategia global que tenga en cuenta las características del establecimiento, su modelo operativo y las expectativas de sus clientes.
Jon Guezuraga, Hospitality Segment manager en ABB Electrification Spain, apunta que “la inmótica tiene hoy un papel muy relevante en la gestión hotelera porque permite que el edificio responda de una forma mucho más eficiente a su uso real. En un hotel conviven habitaciones, zonas comunes, espacios de restauración, salas de reuniones o áreas de servicio, cada una con horarios y necesidades diferentes. Poder gestionar estos espacios de manera coordinada permite optimizar recursos sin comprometer el confort. La climatización y la iluminación son dos de los ámbitos más evidentes, pero las posibilidades van mucho más allá: monitorización de consumos, control de accesos, seguridad, gestión de cargas o mantenimiento de las instalaciones. La información que proporciona el propio edificio permite conocer mejor cómo está funcionando y detectar desviaciones que, de otro modo, podrían pasar desapercibidas. Además, la integración con otros sistemas del hotel, como el PMS, permite adaptar automáticamente el funcionamiento de una habitación en función de si está libre, reservada, ocupada o fuera de servicio. Y aquí hay un aspecto especialmente importante en un hotel: la experiencia del huésped. La automatización permite preparar la habitación antes de su llegada, gestionar de forma sencilla iluminación, climatización o cortinas, crear escenas adaptadas a distintos momentos de la estancia y, en general, ofrecer un entorno más confortable e intuitivo”.
El ahorro energético es uno de los argumentos más habituales para justificar la implantación de soluciones inmóticas. En un hotel, donde la climatización, el agua caliente sanitaria, la iluminación y otros servicios funcionan durante periodos prolongados, incluso pequeñas mejoras en la gestión pueden tener una repercusión económica significativa.
Los sistemas de control permiten ajustar el consumo a la ocupación, los horarios y las condiciones ambientales, evitar que determinadas instalaciones funcionen cuando no son necesarias y detectar desviaciones respecto a los patrones habituales. La monitorización por zonas o por usos facilita, además, identificar dónde se concentra el gasto y qué medidas pueden resultar más eficaces.
Sin embargo, no existe un porcentaje de ahorro universal aplicable a todos los establecimientos. Los resultados dependen de factores como el estado de las instalaciones, la eficiencia de los equipos existentes, el clima, el perfil de ocupación, los hábitos de uso y el alcance de la intervención. También influye la diferencia entre incorporar un sistema de control a un edificio ya eficiente y modernizar un establecimiento con instalaciones obsoletas o una gestión energética poco optimizada.
Para Antonio Moreno, director técnico de Jung Electro Ibérica, “es difícil establecer una cifra concreta de ahorro porque el sistema está controlando instalaciones o servicios que tendrán una determinada eficiencia energética. Por tanto, ese ahorro va a depender mucho del sistema de climatización o del tipo de iluminación que haya y del uso que se haga de ello. Pero el simple hecho de controlar la temperatura de las habitaciones en función de si se encuentra ocupada, alquilada o no alquilada puede representar un ahorro del 20 % del consumo de la climatización”.
Además, Santos Morales, director Vertical Hospitality de Zennio Spain, coincide en esta cifra al señalar que, “cuando la automatización actúa sobre los principales consumos de habitación, especialmente climatización e iluminación, el impacto puede ser relevante. En un informe interno comparativo realizado con nuestras soluciones, una habitación convencional con tarjetero tradicional registraba un consumo de 148,20 kWh, frente a 117,03 kWh en una habitación automatizada. En el escenario analizado, esto representa un ahorro mínimo directo del 21 % en la habitación con tecnología domótica. Lo importante es interpretar bien el dato: no se trata de reducir confort, sino de evitar que los sistemas trabajen cuando no deben o de una forma que no responde al uso real. Una habitación ocupada, vacía, en espera o en limpieza no necesita el mismo comportamiento energético. El retorno dependerá del número de habitaciones, el coste de la energía, la ocupación, el alcance de la instalación y el grado de integración con la operación del hotel”.
El retorno de la inversión debe calcularse a partir de una línea de base fiable y de los ahorros realmente atribuibles al proyecto. A los beneficios energéticos pueden sumarse la reducción de determinadas tareas manuales, la detección temprana de incidencias, la mejora del mantenimiento y la prolongación de la vida útil de los equipos. Por el contrario, deben contemplarse también los costes de integración, puesta en marcha, licencias, formación y mantenimiento.
Puede descargarse el artículo completo aquí
Más información relacionada aquí