Reportajes

Eficiencia energética

Una estrategia transversal

La eficiencia energética en hoteles implica minimizar el consumo de energía y recursos sin comprometer el confort de los huéspedes. Esto incluye optimizar sistemas clave, como la iluminación, climatización o gestión de equipos y maquinaria, así como los servicios complementarios para reducir el impacto ambiental y los costes operativos.

Por Isabel Fernández

©Loxone

Los beneficios de la eficiencia energética en hoteles son numerosos, tanto desde el punto de vista del hotel como de los clientes. En primer lugar, las directrices de la Agenda 2030 se han convertido en vinculantes en muchos países. En el caso de España, hay normativas legales que exigen un cumplimiento legal en gestión eficiente de los recursos. La introducción de tecnologías y políticas de consumo energético eficiente garantizan ese cumplimiento. Si hay una inspección, con estas políticas es mucho más fácil que no se produzcan problemas ni futuras sanciones.

La mejora del servicio es otro de los beneficios de la eficiencia energética, ya que también se mejora la experiencia del cliente a través de la instalación de termostatos inteligentes, sistemas de encendido y/o apagado automáticos, o la modulación de la luz. Si se siente a gusto, aumentan las probabilidades de que repita estancia y que aconseje a otras personas el establecimiento.

También es positivo para la imagen corporativa, ya que hacia los potenciales clientes un hotel sostenible está bien visto. Además, la administración pública valora positivamente a aquellos establecimientos que son proactivos en políticas de ahorro energético. No en vano, la imagen de marca proporciona un valor añadido.

Obviamente, la reducción de costes es una de las principales ventajas de apostar por la eficiencia energética. ¿Para qué se van a tener luces o aire acondicionado encendidos si, por ejemplo, en una habitación o sala no hay nadie? Tenerlos apagados ahorran dinero sin que los huéspedes tengan problemas en el servicio. 

Además, la optimización del consumo de electricidad, agua y otros recursos reduce el impacto ambiental, al disminuir las emisiones de CO2, lo que contribuye a un planeta más limpio y con recursos para todos. La reducción de impacto también es un elemento de reputación positiva.

A la hora de plantear un proyecto basado en la eficiencia energética, para Marta Tomás, directora de Energías Renovables y Proyectos de Eurofred, “lo primero es entender bien desde dónde se parte. Cada hotel o restaurante tiene una realidad distinta y, por eso, es clave analizar el edificio, sus instalaciones y su forma de operar. A partir de ahí, la eficiencia energética debe abordarse como un proyecto integral, no como una suma de pequeñas mejoras aisladas. Cuando se diseñan de forma conjunta sistemas como la climatización, la iluminación o la automatización, el impacto es mucho mayor. Además, esto permite planificar inversiones por fases, algo fundamental para adaptarse al ritmo del negocio sin perder de vista un objetivo claro: reducir costes y mejorar la experiencia del cliente. En la práctica, conviene centrarse primero en lo que más consume. En la mayoría de los hoteles, climatización e iluminación pueden superar el 60 % del gasto energético. Actuar ahí es donde realmente se consiguen ahorros relevantes. Por ejemplo, el uso de sistemas inteligentes de control de climatización permite ajustar automáticamente la temperatura según la ocupación o las condiciones exteriores. Esto se traduce en ahorros del 20–30 % sin renunciar al confort del huésped, que al final es lo más importante. Además, la incorporación de refrigerantes más sostenibles ayuda a reducir el impacto ambiental y evita costes regulatorios futuros”.

Por su parte, Arkaitz Aguirre, country manager de Griesser en España, apunta que “lo primero que debe hacer el hotelero es entender que la eficiencia energética no es una decisión puntual, sino una estrategia transversal que impacta en la rentabilidad, la sostenibilidad y la experiencia del cliente. El punto de partida debe ser siempre un análisis integral del edificio y de sus operaciones, evaluando dónde se producen los mayores consumos energéticos y qué mejoras pueden generar un mayor retorno de inversión. Es importante adoptar una visión global que combine arquitectura, tecnología y gestión operativa. El diseño pasivo del edificio, el control de la radiación solar, el aislamiento térmico y la digitalización de los sistemas de gestión energética son factores clave que deben contemplarse desde la fase inicial del proyecto o en cualquier reforma relevante. Además, resulta fundamental apoyarse en especialistas que aporten una visión técnica y experiencia en el sector, ya que cada establecimiento tiene necesidades específicas según su ubicación, tipología de cliente y modelo de explotación. La eficiencia energética debe entenderse como una inversión estratégica que aporta valor a largo plazo, mejora el posicionamiento del establecimiento y contribuye a cumplir los estándares ESG cada vez más demandados por el mercado”.

Asimismo, Antonio Moreno, director técnico en Jung Ibérica, sostiene que “la eficiencia energética comienza por el diseño del edificio como tal. Los elementos pasivos de ahorro, tales como aislamientos de fachada o carpintería, son decisivos a la hora de reducir el consumo operativo del edificio. Después están los elementos de iluminación y climatización como consumidores activos. Un buen sistema de control ayudará a hacer una mejor gestión y reducir significativamente los consumos. La medición de consumos en tiempo real permite una mayor concienciación y adaptación activa del edificio a las diferentes necesidades de cada momento”.

También Jennifer Santana, directora de Marketing de Ledvance España, recomienda “llevar a cabo un estudio para conocer cómo, dónde y cuándo consume energía un establecimiento. Con esta radiografía en mano, el siguiente paso es trazar un plan de acción que priorice medidas con un mejor retorno de la inversión a corto y medio plazo. La eficiencia no es un gasto, es una inversión. Finalmente, el establecimiento deberá buscar un socio especializado en este tipo de proyectos que ofrezca soluciones eficientes y sostenibles, así como acompañamiento a lo largo de todo el proceso”.

Según Jordi Salvador, product manager de Campanas Industriales de Salvador Escoda, “en los últimos años, la eficiencia energética ha dejado de ser una opción para convertirse en un eje estratégico dentro del sector hotelero y hostelero. Más allá de una cuestión de costes, hablamos de competitividad, sostenibilidad y, sobre todo, de hacer bien las cosas desde el principio”.

Soluciones para reducir el consumo

Existen numerosas estrategias para una gestión energética eficiente, así como para reducir el consumo y optimizar recursos en los hoteles. Algunas son inversiones a largo plazo, mientras que otras pueden ser más rápidas, inmediatas y baratas.

Una de ellas es la mejora de los sistemas de climatización y aislamiento térmico. Los sistemas de climatización optimizados hacen que se gaste menos electricidad. El mantenimiento en tiempo y forma del aire acondicionado reduce el gasto. Por otra parte, un buen aislamiento de las paredes ayuda a retener calor. Y el uso de termostatos inteligentes y automatizados disminuye el consumo de energía. 

También se puede apostar por introducir energías renovables: en los hoteles, incorporar paneles solares es una buena manera de reducir la dependencia de los recursos externos. También hay algunos casos de energía eólica y geotérmica, así como conexiones hidroeléctricas. Además de construir edificios que aprovechen al máximo la luz natural, los sistemas de iluminación eficiente pueden implementarse de varias maneras. En primer lugar, con bombillas LED de bajo consumo. Otra opción es utilizar temporizadores para encender y apagar automáticamente las luces. También existe la posibilidad de los sensores de movimiento de encendido y apagado.

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