
Por Isabel Fernández
Un spa o espacio wellness proyectado con visión y cuidado no solo cumple con las expectativas estéticas, sino que se convierte en un refugio donde los huéspedes pueden rejuvenecer cuerpo y mente. Hacer esta instalación para que tenga éxito requiere combinar tres pilares fundamentales: diseño optimizado, experiencias personalizadas y sostenibilidad medioambiental.
Pero no solo se trata de crear un espacio estéticamente atractivo, sino de garantizar una experiencia coherente y armoniosa para los huéspedes. Desde la selección de materiales hasta la disposición de los espacios, cada aspecto del diseño debe reflejar la identidad del hotel y su compromiso con el bienestar, contribuyendo así a la creación de un ambiente que encaje con la visión y valores fundamentales de la propiedad. La atención cuidadosa a estos detalles fortalece la cohesión del establecimiento, permitiendo que el centro de wellness o spa se convierta en un componente perfectamente integrado en la oferta global del hotel, ofreciendo a los huéspedes una experiencia diferenciadora y holística.
Por otro lado, comprender el público objetivo es crucial para satisfacer sus necesidades y expectativas. Desde la elección de colores y estilos hasta la disposición de espacios y servicios, cada aspecto del diseño debe estar alineado con las preferencias y el perfil del público objetivo, garantizando una experiencia que resuene positivamente con quienes el establecimiento busca atraer.
A la hora de crear el concepto, hay que pensar en la selección de equipos y tecnologías, desde sistemas de iluminación innovadores y envolventes que mejoran la relajación hasta tecnologías de terapias avanzadas. La integración de estos elementos añade un toque moderno y también potencia la calidad y diversidad de los servicios ofrecidos. La inversión en dispositivos, equipos y tecnologías que intensifican las terapias no solo se traduce en una experiencia más enriquecedora para el cliente, sino que también asegura que la instalación sea relevante y competitiva capaz de adaptarse a las cambiantes expectativas y necesidades de los clientes.
La disposición y distribución del espacio en un spa es fundamental en la creación de una experiencia armoniosa y a la vez funcional. Se busca una disposición que fluya de manera natural, estableciendo zonas claramente definidas y diferenciadas para tratamientos, áreas de relajación y servicios adicionales, de manera que cada elemento se integre cuidadosamente para que el conjunto refleje la serenidad y la funcionalidad deseada, así como cabinas polivalentes, que sirvan para tratamientos de belleza, masajes, rituales, etc.
La privacidad en este diseño se erige como un factor crucial, garantizando que cada área ofrezca un entorno íntimo y tranquilo para los clientes. La armonía visual se convierte así en una consideración esencial, asegurando que cada rincón contribuya a una experiencia estéticamente agradable y cohesiva.
Para Daniel Rodríguez Cardoso, diseñador técnico de Intervap Europa, «a nivel de servicio, es clave que el equipamiento sea fiable, de bajo mantenimiento y fácil de gestionar por el personal del hotel, evitando soluciones complejas que no se usen correctamente. La diferenciación de las áreas debe ser clara tanto a nivel funcional como visual: zona de calor seco (saunas), zona de calor húmedo (baño de vapor), zona de agua (spa, piscina wellness, pediluvios…), zona de contraste (duchas frías, cubos de nieve, etc.) y zonas de bienestar específico, como cabinas de sal, que pueden funcionar como espacios independientes o integrados en el recorrido wellness). Separar bien estas áreas mejora la experiencia del usuario, y facilita el control de flujos, limpieza y mantenimiento».
Por su parte, Rocío Sánchez González, leisure & wellness category manager CP&W de Fluidra, cree que «es fundamental separar áreas húmedas (hidroterapia, saunas…) de las zonas secas (tratamientos, relax, fitness…). Esta división garantiza una atmósfera adecuada en cada espacio y mejora la experiencia del usuario. También es clave prever flujos de circulación cómodos, con vestuarios como punto de transición. Cuando el spa admite clientes externos, disponer de accesos diferenciados ayuda a proteger la intimidad del huésped. Todo debe diseñarse para que el recorrido sea fluido, intuitivo y armónico».
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