Por Pilar Ansola

Cuando un huésped atraviesa la entrada principal de un hotel, le recibe el lobby, un espacio cuyo planteamiento actual va mucho más allá de lo que es una zona de paso o una simple recepción. En los últimos años, su diseño, así como su función, han experimentado un cambio notable, convirtiéndose en un punto de encuentro lleno de vida y de marcada personalidad.
Ante todo, el lobby debe ser capaz de reflejar la imagen del hotel para que el cliente tenga claro, desde el primer momento, a qué tipo de hospedaje está accediendo. Es imprescindible, asimismo, que los huéspedes se sientan bienvenidos, ya que proporcionarles una experiencia memorable generará en ellos satisfacción y futura fidelidad.
Los hoteleros son conscientes de esta realidad en evolución, y se afanan por mantener al día y cuidar con meticulosa precisión esta zona tan destacada.
En el lobby convergen estética, funcionalidad y la experiencia sensorial del usuario. Un diseño bien logrado de esta zona, tal y como ya se ha comentado, transmitirá la identidad del hotel y generará una conexión inmediata con el huésped, sea cual sea el tipo de centro del que se trate.
Al respecto, Loli Moroño, directora creativa de PF1 Interiorismo Contract, destaca que el lobby “debe ser capaz de contar la historia del hotel, a través de unos tonos, texturas y elementos decorativos que conecten emocionalmente con los visitantes. Es fundamental que tenga impronta propia y coherencia con la marca, ofreciendo confort y accesibilidad a todos los huéspedes”.
En la misma línea, Emilio Carmona, del Departamento de Proyectos de 4Cadires, describe el lobby como “un espacio que funciona como carta de presentación real del hotel, y que la voluntad de los hoteleros es que quienes accedan a dicho espacio entiendan el lugar al instante y se sientan acogidos”.
Alejandra Pombo, CEO de Alejandra Pombo Design Studio, también incide en que “la primera toma de contacto con el lobby debe comunicar claramente la personalidad del establecimiento: si es más dinámico o estático, más lujoso o más accesible”.
Por su parte, Àngels Castellarnau, arquitecta, fundadora y CEO de Edra Arquitectura Km0, incide en el hecho de que “la demanda más común es la de crear un lugar que funcione como punto de acogida, área social y zona de trabajo al mismo tiempo, manteniendo en todo momento una identidad clara y coherente con el proyecto hotelero”.
A la necesidad de reflejar el ADN del hotel, Xavier Martinell, director de Luzio Studio, añade “considerar matices que anclen el hotel a su entorno y, al mismo tiempo, destaca que incluso las grandes cadenas “aspiran a conseguir una atmósfera más de tipo boutique: que el huésped sienta que llega a su casa, no a un lobby corporativo impersonal”.
Hay hoteles que buscan ofrecer una experiencia impactante, en los que el diseño no se limita simplemente a lo visual. En estos, cada detalle debe invitar al cliente a quedarse, a explorar e incluso a compartir en redes sociales. El lobby se concibe entonces como un escenario perfecto para generar recuerdos.
El lobby, tal y como destaca Juan Luis Requena, socio fundador de Requena y Plaza, “se ha convertido en un elemento central de la experiencia del cliente que, a través de la originalidad y la diferenciación, ha pasado a ser un espacio destinado a atraer potenciales clientes externos”. Y en ello ha tenido mucho que ver la paulatina incorporación de cafeterías y restaurantes, áreas de descanso informales e, incluso, zonas de trabajo y reuniones.
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