Por Isabel Fernández

Elegir el sistema de climatización es una decisión compleja que requiere un análisis cuidadoso de las necesidades específicas del edificio, las expectativas de los huéspedes y los objetivos de sostenibilidad del hotel. Al considerar no sólo los costes iniciales y de operación, sino también la eficiencia energética y el impacto ambiental, los gestores de los hoteles pueden tomar decisiones que benefician tanto a sus negocios como al planeta. No es un secreto que el peso de la factura energética en los costos operativos está llevando a los hoteles a replantearse sus estrategias energéticas. Con hasta un 25 % del presupuesto destinado al consumo energético, los establecimientos buscan alternativas que sean tanto sostenibles como efectivas, que tengan un impacto significativo en la eficiencia energética y, como consecuencia, en la rentabilidad de cada hotel.
Para Jesús Mª Martínez, manager key accounts & consulting sales en Daikin España, «la elección del sistema de climatización tiene un impacto directo en la experiencia del huésped, la eficiencia operativa del hotel y su posicionamiento en materia de sostenibilidad. Un sistema adecuado garantiza confort térmico, calidad del aire interior y funcionamiento silencioso, factores clave para la satisfacción del cliente. Además, influye significativamente en los costes energéticos, que representan una parte relevante del gasto operativo del hotel. La adopción de tecnologías eficientes permite reducir el consumo energético y la huella de carbono, respondiendo a la creciente demanda de los huéspedes y a los compromisos medioambientales del sector. En este contexto, la climatización se convierte en un elemento estratégico para equilibrar confort, eficiencia y sostenibilidad».
Por su parte, Peter Hoffmann, administrador de Casa Bruno, considera que «un sistema bien diseñado no solo garantiza una temperatura adecuada, sino que contribuye al confort térmico, al silencio ambiental y a la percepción de calidad del espacio.
En este sentido, la climatización eficiente no depende de un único sistema, sino de la combinación inteligente de soluciones. La integración de sistemas de aire acondicionado o calefacción con elementos complementarios, como los ventiladores de techo, permite una mejor distribución del aire, evita estratificaciones térmicas y mejora la sensación de confort con un menor consumo energético. Esto se traduce en estancias más agradables y en una operación más sostenible para el hotel».
Además, Belén Puente Casado, mánager nacional de Prescripción en LG Electronics, apunta que «la climatización impacta directamente en la experiencia del cliente, en la eficiencia operativa y en los costes del negocio. Un sistema adecuado permite confort térmico constante en habitaciones y zonas comunes, lo que influye en la satisfacción del huésped y en las valoraciones on line; reducción del gasto energético, especialmente relevante en hoteles con gran volumen de consumo continuado; menor impacto acústico, clave en habitaciones donde el nivel de ruido afecta al descanso; fiabilidad y continuidad del servicio, ya que un sistema bien diseñado evita averías y garantiza disponibilidad durante todo el año, y sostenibilidad y reducción de emisiones, aspectos que cada vez valoran más los clientes y que pueden repercutir en certificaciones ambientales del hotel».
Asimismo, desde Midea España opinan que «la climatización es uno de los capítulos más determinantes en el coste operativo y en la percepción de calidad del huésped. Elegir una solución de climatización u otra impacta directamente en la eficiencia energética, el control del confort por zonas, los niveles sonoros, la continuidad de servicio y la facilidad de gestión. En hotelería, donde coexisten habitaciones, zonas comunes, cocinas, lavandería, spa y salas de eventos, la demanda térmica es muy variable; por eso la arquitectura del sistema (centralizada, distribuida o híbrida) marca la diferencia en consumos y experiencia. Los enfoques de gestión inteligente con BMS y lógica de ocupación ayudan a ajustar el equipamiento de climatización a la demanda real, reduciendo ciclos y consumo cuando no hay ocupación. En la práctica, un buen sistema de climatización permite estabilidad de temperatura, operatividad silenciosa, capacidad de zonificación real (planta, ala, orientación, habitación…) para evitar ‘climatizar de más’ espacios vacíos. Todo ello se traduce en menos quejas de los huéspedes, alineando confort con ahorro».
Álvaro Villaverde, director de Ventas de Refrigeración Industrial y Climatización en Johnson Controls Iberia, recuerda que, «según las estimaciones del Instituto Tecnológico Hotelero (ITH), el sector hotelero español gasta alrededor de 1.200 millones de euros al año en energía, y una gestión activa del consumo podría reducir esa cifra hasta un 25 %. Un sistema mal dimensionado o tecnológicamente obsoleto actúa como una fuga permanente de recursos, mientras que uno bien proyectado se convierte en palanca de competitividad y sostenibilidad. Más allá del impacto económico, la climatización determina directamente el confort térmico del huésped, que es uno de los factores más valorados en las reseñas y en la fidelización. Un sistema capaz de controlar con precisión la temperatura y la humedad en cada espacio –desde las habitaciones hasta los salones de eventos o la restauración, que son estancias altamente complejas y con gran consumo de energía– garantiza esa experiencia homogénea y de calidad que distingue al hotel de sus competidores. Igualmente, un sistema moderno e integrado con la plataforma de gestión del edificio permite al personal operar con mucha mayor eficiencia, anticipando averías, ajustando el confort en tiempo real y reduciendo la carga de trabajo administrativo».
Las expectativas de los huéspedes sobre la comodidad son altas. La temperatura no solo debe ser agradable, sino también fácil de regular. Además, la sostenibilidad y el ahorro de energía juegan un papel cada vez más importante para los hoteleros. Un sistema de climatización inteligente puede cumplir con estos requisitos, optimizando el consumo de energía y asegurando un ambiente saludable, sin necesidad de ajustes manuales constantes por parte del personal o los huéspedes.
Por tanto, a la hora de proyectar el sistema, Santiago Perera, director general de Negocio en Iberia y LATAM de Eurofred, recomienda que «lo primero es pensar en el hotel como un espacio vivo, con necesidades cambiantes. Por eso, hay varios puntos clave que tenemos en cuenta cuando desarrollamos un proyecto hotelero: eficiencia y normativa (la Unión Europea exige cada vez más eficiencia, refrigerantes con bajo GWP y sistemas capaces de reducir consumos sin comprometer rendimiento. Esto condiciona el tipo de soluciones que conviene instalar), flexibilidad en la instalación (los hoteles tienen arquitecturas complejas. Necesitan sistemas que permitan grandes longitudes de tubería, instalación en espacios reducidos y múltiples combinaciones de unidades interiores, algo presente en soluciones recientes de alta versatilidad), control multizona (cada habitación necesita su propio nivel de confort. Los sistemas VRF son fundamentales para optimizar energía, evitar desperdicio y ofrecer una experiencia personalizada en cada estancia); conectividad (hoy la monitorización remota y el mantenimiento predictivo son imprescindibles. Permiten anticipar incidencias, ajustar consumos y garantizar continuidad de servicio) y calidad del aire interior (tras la pandemia, el huésped exige aire limpio y seguro. Tecnologías de ventilación controlada, filtración avanzada y medición de CO₂ se han convertido en un estándar de calidad). Pensar en estos puntos desde el proyecto inicial evita problemas futuros y garantiza un hotel más eficiente y sostenible”.
Fernando Fernández Álvarez, head of ESCO Building & Cities en Edison Next Spain, también sostiene que “el primer paso imprescindible es realizar un análisis exhaustivo del estado real de las instalaciones en ese momento. Antes de proyectar cualquier solución, es fundamental evaluar qué equipos deben renovarse, cuáles pueden adaptarse y qué elementos deben desmantelarse. Sin ese diagnóstico inicial, cualquier inversión corre el riesgo de no alcanzar el rendimiento esperado. A partir de ahí, el dimensionamiento debe basarse en la demanda térmica real del establecimiento, considerando factores como ocupación media, estacionalidad, servicios asociados (como spa, restauración o piscinas) y necesidades de agua caliente sanitaria. En nuestra experiencia en proyectos EPC para grandes cadenas hoteleras, este punto es crítico para evitar sobredimensionamientos o déficits de capacidad. También es clave la coordinación técnica y documental. La ejecución de este tipo de proyectos exige cumplir con certificados, legalizaciones, estudios previos y requisitos en materia de prevención de riesgos laborales, además de garantizar la correcta integración con las instalaciones eléctricas existentes, revisando centros de transformación, cuadros y protecciones. Por último, el hotelero debe tener una visión estratégica. La instalación debe estar alineada con sus objetivos de eficiencia y descarbonización futuros, no solo con la necesidad inmediata de sustitución de equipos”.
Por otro lado, Juan Carlos Fernández, key account manager de Carrier, resalta que «el perfil de consumo de un hotel puede ser muy diferente según zona geografía donde esté ubicado o por tipología de hotel (playa, rural, urbano…). El hotelero debe considerar que el comportamiento térmico de un hotel es muy distinto al de otros edificios terciarios. Es fundamental tener en cuenta: ocupación variable y picos de demanda (especialmente en ACS por la mañana); necesidad de control individual en habitaciones; integración con sistemas de gestión energética o BMS; nivel acústico en zonas sensibles, y flexibilidad operativa ante cambios de ocupación. Además, el diseño debe contemplar mantenimiento sencillo, fiabilidad y posibles redundancias estratégicas para evitar incidencias que afecten a la operativa diaria».
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