Por Isabel Fernández

Tras años en los que la experiencia hotelera estuvo asociada al entretenimiento constante y al lujo más visible, el viajero contemporáneo busca experiencias capaces de generar conexión, equilibrio y significado. La sexta edición de The New Habitat 27/28, el informe anual de tendencias promovido por APE Grupo, refleja que el 88 % de las personas a nivel global desea vivir experiencias con propósito. El confort y la experiencia del huésped se han convertido en la principal prioridad para el 89,4 % de los profesionales del sector, por delante de aspectos como la identidad del espacio, el diseño inclusivo o la sostenibilidad. El diseño hospitality deja así de ser una cuestión estética para convertirse en una herramienta estratégica capaz de responder a nuevas expectativas y necesidades. Esta transformación se refleja en las decisiones de inversión: el presupuesto en diseño hotelero crecerá un 7,1 % durante el próximo año y los clientes estarían dispuestos a aumentar un 16,2 % la inversión destinada a esta partida para mejorar la sostenibilidad de los establecimientos.
En la actualidad, arquitectos, interioristas, promotores, operadores hoteleros y marcas se enfrentan al reto de demostrar con datos el impacto real de sus decisiones sobre las personas y el entorno.
Los empresarios que desarrollan un proyecto en el canal contract y horeca suelen buscar un enfoque que reduzca riesgos, controle costes, y garantice que el resultado final sea rentable, funcional y diferenciador. Y lo hacen dejándose asesorar por un partner integral que concentre estrategia, diseño, ejecución y coordinación, con un único interlocutor responsable de todo el proceso. Esto simplifica la gestión, reduce imprevistos, y aumenta la probabilidad de cumplir objetivos de plazo, presupuesto y calidad.
La interiorista Alejandra Pombo explica que «cada vez buscan más una visión global del proyecto. Ya no se trata únicamente de diseñar un espacio bonito, sino de crear una experiencia coherente, rentable y con operativa bien pensada. Nos piden proyectos muy pensados desde el concepto de marca, la funcionalidad del espacio, la circulación del cliente y del personal, hasta la durabilidad de los materiales o la optimización de costes y tiempos de ejecución. También hay una demanda creciente de flexibilidad. Los espacios horeca tienen que adaptarse a distintos momentos de uso, generar identidad y, al mismo tiempo, ser eficientes en su explotación diaria».
Por su parte, Emilio Carmona, responsable de Proyectos de 4Cadires, sostiene que, “actualmente, los empresarios de hostelería quieren proyectos completos y muy funcionales, pero sin renunciar a una identidad estética potente. Ya no se trata solo de diseñar un espacio bonito, sino de crear una experiencia coherente con la marca y que además funcione bien a nivel operativo. Cada vez se da más importancia a optimizar recorridos, aprovechar mejor los metros disponibles y conseguir espacios versátiles, capaces de adaptarse a distintos momentos de uso. También hay una preocupación clara por la durabilidad de los materiales, el confort acústico y una iluminación bien estudiada, ya que todo influye directamente en la experiencia del cliente. Además, el sector horeca entiende cada vez más el diseño como una herramienta diferencial. Muchos clientes buscan espacios con personalidad propia, pensados para generar impacto visual y presencia en redes sociales, pero siempre manteniendo un equilibrio entre imagen, funcionalidad y viabilidad económica”.
También coincide la interiorista Pia Capdevila en que se demanda “un concepto claro, coherente y diferenciador, capaz de posicionar el negocio y conectar con su público objetivo. El diseño debe responder tanto a una estrategia de marca como a criterios de rentabilidad. También buscan optimizar los metros cuadrados, mejorar la rotación y facilitar una operativa eficiente. A esto se suma el control de costes y plazos, así como la creación de espacios flexibles y con impacto visual, pensados para generar experiencia, recuerdo y visibilidad en canales digitales”.
Además, Felip Polar, CEO de Felip Polar Estudio, indica que “suelen pedir una combinación de rentabilidad, operatividad, identidad de marca y experiencia del cliente. Las demandas más habituales se agrupan en estas áreas: concepto y posicionamiento del negocio; optimización operativa; diseño experiencial; proyecto llave en mano; rentabilidad y retorno de inversión; sostenibilidad y eficiencia; imagen de marca coherente, y velocidad y control presupuestario”.
Asimismo, Fernanda Muñoz Miguel, socia y fundadora de EME Concepts, comenta que “lo que más escucho cuando me siento con un cliente nuevo es: ‘Fernanda, necesito que alguien me lleve esto de principio a fin porque no tengo tiempo ni cabeza para coordinar a veinte personas distintas’. Y eso lo entiendo perfectamente. Un empresario hostelero tiene ya suficiente con gestionar su negocio como para encima tener que hacer de director de obra. Por eso, el modelo de proyecto integral existe: para que haya una sola persona que responda, que conozca el proyecto en su totalidad y que no pierda el hilo entre lo que se soñó al principio y lo que se entrega al final. Pero más allá de esa necesidad operativa, lo que realmente me apasiona de estos proyectos es que cada vez más los clientes llegan con una pregunta de fondo mucho más interesante: ‘¿qué tengo que hacer para que mi espacio sea inolvidable?’. No quieren un local bonito. Desean un espacio que genere vínculo, que tenga personalidad propia, que sus clientes reconozcan y quieran volver a vivir”.
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