Jaime Beriestain firma el interiorismo del nuevo Hilton Tánger

Ubicado en el exclusivo barrio de Malabata baie, el nuevo Hilton Tánger tiene dobles vistas: por una parte, el hotel cuenta con panorámicas vistas al Mediterráneo, y por otra, al encantador barrio de Acharf, con reminiscencias de pueblo tradicional marroquí.

Con el propósito de crear un refugio de tranquilidad en una ciudad emergente y llena de actividad, Jaime Beriestain ha diseñado el Hotel Hilton Tánger con una mezcla de estilo europeo y de estilo étnico. Gracias a esta fusión, el resultado ha sido un hotel refinado, sofisticado, atemporal y cálido, con sabor a un Marruecos contemporáneo gracias a los guiños ethnic chic introducidos por Jaime Beriestain. La artesanía local ha sido para el interiorista un elemento de gran importancia en este proyecto. La reinterpretación personal de Beriestain de la cerámica tradicional Zellige, los tejidos de inspiración marroquí, los motivos geométricos y diversas aportaciones de los artesanos locales como el latón golpeado o cepillado y el uso del revestimiento Tadelakt han contribuido a la discreta identidad marroquí de este hotel.

“Me gusta poder incorporar la atmósfera y la cultura del país al diseño de los hoteles. Desde un principio consideré imprescindible introducir el trabajo de los artesanos locales”, explica Jaime Beriestain, apasionado y ferviente defensor del trabajo artesanal.

Se trata de un hotel con volúmenes y espacios amplios, pero a su vez, con rincones íntimos. Debido a los altos estándares de la cadena hotelera Hilton, Beriestain ha sido muy riguroso y exigente en el diseño de cada mueble y objeto, así como en la iluminación. La mayoría de los elementos de attrezo, alfombras, espejos y lámparas se han adquirido en distintos zocos marroquíes.

La paleta de colores está inspirada en la gama cromática del desierto, con colores hueso y arena, que aportan luz y calidez al espacio.

Inspirándose en los típicos moucharabieh que permiten ver sin ser vistos, Jaime Beriestain ha diseñado unos biombos en forma de estanterías que permiten crear un ambiente íntimo y, a su vez, ir descubriendo las diferentes zonas que componen los espacios como el lobby o el restaurante.
 La delicada selección de objetos locales recrea el ambiente vibrante de los zocos marroquís.
 El restaurante Kasbah del lobby refleja la cultura marroquí con un sin fin de lámparas repujadas que filtran y a su vez amplían la luz, creando un astuto juego de espejos.

En la parte superior de las paredes de la recepción se ha aplicado pan de oro roto en forma de cascada, de la que emerge una combinación de colores y contrastes que van del azul oscuro al gris claro. Esta técnica de “obra inacabada” permite conseguir diferentes texturas que enriquecen el espacio.

La pérgola del skybar está revestida con una composición de espejos triangulares con puntos de luz que simula el cielo estrellado del desierto.

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