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Ramon Esteve, en el NH Grand Hotel Krasnapolsky de Ámsterdam
18-junio-2015
Ramon Esteve Estudio ha diseñado las dos nuevas tipologías de habitaciones, así como la suite presidencial del NH Grand Hotel Krasnapolsky, ubicado en la plaza Damm de Ámsterdam, con vistas al Palacio Real. Se trata de unos de los edificios más emblemáticos de la ciudad. Su origen data de 1865, siendo ya entonces el enclave neurálgico de la alta sociedad de la época. Adolph Wilhelm Krasnapolsky, el primer propietario del hotel que lleva su nombre, redefinió la experiencia de hotel de lujo fijando los mínimos de alojamiento correcto, en términos domésticos, convirtiendo el Grand Hotel Krasnapolsky en sinónimo del lujo sin ostentación.
Tras numerosas ampliaciones y reformas a lo largo de sus 150 años, ocupa actualmente ocho edificios que reúnen un total de 36.391 m2. Cada una de las sucesivas transformaciones muestra el estilo propio de su época engendrando un entorno dispar y una personalidad incoherente perdiendo por completo la singular identidad que lo caracterizaba.
El objetivo de la intervención ha sido darle una nueva identidad al hotel basada en los elementos de valor de su historia y de su entorno.
El rojo Krasnapolsky
Se tomaron como referencia las características fachadas de ladrillo oscuro que imperan por la ciudad de Ámsterdam, la pintura costumbrista de Vermeer o el “Rojo Krasnapolsky” que aparece citado en Finnegans Wake de James Joyce, así como el aire art-decó que reinaba en el hotel también descrito en su novela.
Ramon Esteve Estudio ha diseñado dos tipologías de habitaciones y una suite presidencial. Una con la cama central, en isla, para las habitaciones ubicadas en el chaflán; y otra para el resto de habitaciones en las que se colocó un cabecero en forma de biombo abierto que recuerda a las grandes ventanas de los almacenes de la ciudad de Ámsterdam.
El resultado de la experiencia se traduce en un entorno de alta calidad y confort con un lenguaje contemporáneo. Sus colores y proporciones trasladan al interior del hotel esa atmósfera tan característica que tiene la ciudad de Ámsterdam.
A través de la combinación de colores neutros, en el que predomina la madera beige y la piedra caliza, y de la madera negra combinada con el rojo Krasnapolsky en sus distintos matices, se genera un juego de contrastes de una elegancia extrema.
La propia memoria del edificio es contada a través de fotografías históricas y la cerámica de Delf utilizadas en las puertas de las habitaciones, diseñadas por el equipo de Ramón Esteve Estudio.
Propuesta de espacios comunes
La propuesta para el lobby, recepción, lounge bar y espacios anexos se plantea la utilización de fotografías actuales de Hendrik Kerstens en cuyo trabajo reinterpreta la pintura flamenca del siglo XVII en un interesante diálogo entre pasado, presente y futuro. Las fotografías se disponen en los falsos techos a modo de cúpulas decoradas y retroiluminadas, buscando que un elemento de origen clásico proporcione un recurso de diseño moderno dotando de personalidad y carácter al conjunto de espacios.
La puerta de acceso al hotel se produce a través de una caja de vidrio con doble puerta mecanizada amparada por una marquesina de color negro. Se propone además una revisión de la tipografía de la señalética del hotel.
Jugar con materia intangible
La iluminación está principalmente integrada en la arquitectura acompañada por un conjunto de lámparas geométricas que aportan luz ambiental.
La luz natural se recupera siempre que es posible abriendo huevos o haciendo más transparentes otros existentes. En los patios, una celosía de vidrio y metal dispuesta en paredes y techos construye espacios semiexteriores luminosos y cálidos y que incorporan la presencia de vegetación al conjunto del diseño.